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Conocimientos en el aula

16 · octubre · 2020
Daniel Willingham

Daniel Willingham es profesor de psicología cognitiva en la Universidad de Virginia y autor de Cognition: The Thinking Animal [Cognición: el animal pensante] y del exitoso libro ¿Por qué a los niños no les gusta ir a la escuela? (disponible en nuestra Editorial Aptus). Su área de investigación se concentra en el rol de la conciencia en el aprendizaje y en la aplicación de la evidencia de las ciencias cognitivas en educación.

Este post es una síntesis de implicancias prácticas derivadas de una publicación realizada por Willingham en la revista American Educator de la American Federation of Teachers, la cual puedes leer traducida aquí.

Se suele decir que el verdadero objetivo de la educación es “aprender a aprender”. Como dice el proverbio “Si le das un pescado a un hombre, comerá por un día; si le enseñas a pescar, comerá durante toda su vida”. Es mejor enseñarles a los estudiantes a aprender información por su propia cuenta, en vez de enseñársela. La idea suena atractiva, pero, si viene acompañada de la idea de que los profesores deberían enfatizar procesos cognitivos (como estrategias generales de comprensión y razonamiento) y hacer menos énfasis en el contenido, entonces, está equivocada.

Los efectos que describí en el artículo principal indican que muchas de las habilidades cognitivas que queremos que desarrollen nuestros estudiantes—especialmente entender lo que leen y analizar problemas exitosamente—están íntimamente relacionadas con el conocimiento de contenidos. Cuando los estudiantes aprenden información, no están solo llevando “material para el molino”1—están haciendo posible que el molino opere más efectivamente. El conocimiento de fondo es absolutamente esencial para realizar procesos cognitivos importantes. ¿Qué significa esto para los profesores?

1. La información debe ser significativa. “Aprender información o datos” no debería interpretarse como “aprender de memoria”. La importancia del conocimiento para la cognición no significa que los profesores deban asignarles listas de datos para memorizar a sus estudiantes. Como se describe en el artículo principal, la información solo es útil si está conectada significativamente con otros conocimientos. Por lo tanto, se debería concebir el aprendizaje de datos como el tipo de aprendizaje que resulta de, por ejemplo, leer una biografía rica en detalles—no la cronología estéril de la vida de una persona. Los profesores deben incluir oportunidades para que los estudiantes aprendan información nueva sobre el mundo y la conecten con conocimientos previos cuando sea posible. La repetición sin sentido no es un vehículo efectivo para desarrollar el repositorio de conocimientos de los estudiantes.

2. La adquisición de conocimientos puede ser incidental. Cada información que los estudiantes aprenden no necesariamente debe ser enseñado explícitamente —los estudiantes pueden aprender datos incidentalmente. El aprendizaje incidental se refiere al aprendizaje que ocurre cuando no estás intentando aprender específicamente. Mucho de lo que sabes se quedó grabado en tu memoria, no como resultado de que hayas tratado conscientemente de recordarlo, sino como un producto secundario de pensar en ello, tal como cuando reflexionas sobre una palabra desconocida que alguien usó en una conversación o te sientes fascinado por un nuevo dato. Cuando las escuelas emplean un currículum rico en contenidos, los estudiantes tienen muchas oportunidades de aprendizaje incidental, ya que están inmersos en información significativa e interconectada durante todo el día. Los profesores también pueden buscar oportunidades extra para proporcionar oportunidades de aprendizaje incidental para sus estudiantes, por ejemplo, usando una palabra de vocabulario que probablemente no conozcan, pero cuyo significado sea deducible a partir del contexto de la oración.

3. No todos los conocimientos necesitan ser detallados. Los beneficios cognitivos descritos en este artículo difieren en sus requisitos de conocimientos. Por ejemplo, los conocimientos necesarios para aumentar la comprensión lectora a menudo son bastante superficiales. Usando nuestros ejemplos del artículo principal, no necesitas conocimientos detallados sobre los pingüinos o sobre la vida de Benedict Arnold2 para entender a qué se refiere la relación entre un pez y un pingüino (que estos comen peces) o entre Benedict y un traidor.

Afortunadamente, este tipo de conocimiento superficial es fácil de adquirir incidentalmente. Por ejemplo, una unidad de cuarto grado sobre la revolución estadounidense que sea rica en contenido probablemente incluya mucha información sobre personajes clave, como el Rey Jorge III, George Washington y Benjamin Franklin, pero nada más sobre Benedict Arnold aparte de un énfasis en su rol como traidor. Tal nota aparte normalmente sería suficiente para fortalecer la comprensión lectora. La mayoría de nosotros pasamos la mayor parte de nuestro tiempo leyendo material diseñado para un público general y, para ese material, el conocimiento superficial es suficiente.

En el extremo opuesto del espectro, se necesitan conocimientos profundos para obtener beneficios relacionados con el pensamiento, tales como el reconocimiento de agrupaciones de elementos y su patrón (como en el ejemplo del artículo principal sobre los estudiantes que han memorizado la propiedad distributiva3). En una variedad de situaciones diferentes se requiere práctica antes de poder usar el conocimiento para la resolución de problemas con facilidad.

4. El aprendizaje de conocimientos debería empezar temprano. Desarrollar un repositorio de conocimiento es como el interés compuesto—crece exponencialmente. Por esta razón, mientras más temprano los estudiantes añadan elementos a su base de datos de conocimientos, mejor. Este proceso comienza en la casa, mucho antes de que los niños asistan a la escuela (cabe destacar que prácticamente todo el aprendizaje previo a que los niños asistan a la escuela es incidental). Todos los profesores debiesen asumir el trabajo de enseñarles contenido a los estudiantes seriamente, pero este trabajo es doblemente importante para los profesores que trabajan en salas de educación preescolar y primaria temprana. Debido a la tasa exponencial de aprendizaje, una vez que los niños se quedan detrás de sus pares, se les hace cada vez más difícil alcanzarlos. Estos niños pequeños pueden aprender poca materia por medio de la lectura, si es que pueden aprender algo; por lo que deben aprender escuchando libros de ficción y no ficción leídos en voz alta, observando demostraciones y por medio de experiencias prácticas y concretas, entre otros.

 

Este post es posible gracias a la generosidad de Daniel Willingham que nos ha permitido traducir sus interesantes publicaciones. Para acceder al post original en inglés haga click aquí.

 


Notas del traductor:

1 En Estados Unidos se utiliza la expresión “es material para el molino” (grist for the mil, y en UK: grist to the mill) para expresar que algo puede ser utilizado como una potencial ventaja y, eventualmente, generar un beneficio.

2 Benedict Arnold fue un general estadounidense que traicionó al ejército de su país durante la independencia de los EEUU para apoyar al bando británico, por lo tanto, se usa como sinónimo de traidor.

3 En la publicación asociada a este post se da el ejemplo de cómo un estudiante que ya conoce la propiedad distributiva podrá resolver rápidamente el problema a(b + c), ya que su conocimiento de la regla le permite saber cómo deben interactuar los elementos del problema para resolverlo. De lo contrario, sin ese conocimiento probará distintas combinaciones de forma inefectiva y separada, que no necesariamente le harán resolver correctamente el problema o le harán más costoso mentalmente llegar a su solución.

 

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