Aptus | Potenciadora educacional

Toda la formación docente debería enfocarse en la práctica

31 · agosto · 2020
Harry Fletcher-Wood

 

En 2014, cuando estaba preparando a profesores en formación en el instituto de verano de Teach for Sweden, pensé que había enseñado sobre evaluaciones formativas mejor que nunca. “En tres semanas, abarcamos las cinco estrategias y dos o tres técnicas por cada una, con ejemplos de las asignaturas de los profesores y tuvimos el tiempo necesario para adecuar las estrategias a sus contextos. Incluso verifiqué la comprensión en cada etapa, usando la estrategia que acabábamos de discutir… Fue una gran sesión”, pensé. Cuando enseñé el mismo tema este año, deseché el 90% de la sesión anterior.

Los grandes problemas de cómo estaba capacitando a los profesores:

Objetivos de aprendizaje de mi sesión de 20141

1) Demasiada información

Sospecho que la mayoría de los profesores experimentados solo usan un puñado de técnicas de evaluación formativa con frecuencia; me tomó años adquirir competencias básicas solo en la mitad de lo que les estaba enseñando. Presentarles brevemente a los profesores una docena de técnicas los sobrecargaba de información que no usarían ni desearían en su primer año de clases.

2) Conocer no es hacer

La diapositiva de arriba muestra que dos de los tres verbos de los objetivos de aprendizaje son «comprender» y «conocer»; pero saber cómo se ve el éxito es menos de la mitad de la batalla. Mostrar a los profesores una buena pregunta bisagra – sin reservar tiempo para que ellos creen algunas – es prácticamente una garantía de que no las usarán.

3) Pasar por alto la complejidad

Diseñar preguntas bisagra es complejo; elegir qué hacer con las respuestas de los estudiantes bajo la presión del tiempo, también es difícil. Un profesor tiene aproximadamente treinta segundos para evaluar la comprensión de los estudiantes y decidir qué hacer a continuación: este es un desafío ético y práctico; cada decisión –continuar, retroceder o dividir al grupo– tiene pros y contras. Casi no discutimos esto. Mostrar un video breve de un profesor haciéndolo difícilmente preparará a un docente en formación para hacer lo mismo.
En general, la sesión les entregó una cantidad enorme de información potencialmente útil, pero me cuesta creer que haya producido cambios duraderos en su comportamiento o que los haya preparado bien para la sala de clases.

Asegurarse de enfocarse en lo más importante:

Este año, cambié casi toda la sesión, siguiendo estos principios:

1) Un objetivo claro y un resultado visible

Los profesores debían abandonar la sala preparados para usar evaluaciones formativas en sus salas de clase. Entonces, necesitaba que practicaran su creación durante la misma sesión, si no, no podría estar seguro de que serían capaces de hacerlo de forma independiente.

2) Abnegación: objetivos limitados

En otra sesión, describí a los profesores la importancia de restringirse: compartir solo una fracción de un tema fascinante es doloroso, pero es esencial para establecer objetivos de clase logrables. Lo mismo aplica para la capacitación docente; me encanta la evaluación formativa, pero compartir cada una de sus increíbles facetas es poco útil. Entonces, en vez de capacitar a los profesores en las cinco estrategias de la evaluación formativa:

 

Preparé a los profesores para que usaran dos: objetivos de aprendizaje (en la sesión de planificación) y levantar evidencia del desempeño los estudiantes.

 

(Prioricé esto porque, una vez establecidos los objetivos, lo más importante es que el profesor sepa qué tan bien los estudiantes los están logrando. Si pueden hacer eso, pueden emplear las otras tres estrategias: entregar retroalimentación útil y diseñar actividades que les permitan a los estudiantes aprender de ellos y del resto).
Para asegurar el dominio de esta estrategia, enseñé solo dos técnicas: todo sobre los tickets de salida2 y una parte de las preguntas bisagra3. Fue doloroso dejar fuera técnicas que considero importantes, interesantes y útiles, pero es mejor que los profesores terminen la sesión siendo capaces de usar dos técnicas en la sala de clases, en vez de estar vagamente conscientes de varias. El tener éxito dentro de estos límites los prepara para experimentar y engrosar su repertorio más tarde.

3) Incluir el proceso completo

Diseñar un ticket de salida o una pregunta bisagra es solo el primer paso. El desafío real es poder tomar acción en base a la información que estos proporcionan, ya sea después (ticket de salida) o durante la clase (preguntas bisagra). Me propongo enseñar cada aspecto de un ticket de salida:

  • Un objetivo desafiante, lograble y orientado al currículum.
  • Una pregunta o preguntas que evalúen el éxito en cumplir con ese objetivo.
  • Evaluación rápida de las respuestas de los estudiantes.
  • Un siguiente paso que sea apropiado, basado en las respuestas de los estudiantes.
  • Puesta en práctica de ese siguiente paso.

4) Practicar cada paso

En cada paso, seguí el mismo procedimiento, diseñado para asegurar que los profesores en formación realmente pudieran hacerlo por sí mismos: introducir y modelar la idea, pedirles que creen una propia, dar tiempo para ponerla en práctica, recibir retroalimentación y actuar acorde a eso. Entonces, para los tickets de salida:

1) Revisamos cómo formular objetivos y creamos nuestros objetivos propios.

2) Reescribimos los objetivos empleando la retroalimentación entre pares.

3) Habiendo examinado modelos de tickets de salida, escribimos guiones de preguntas para los tickets.

4) Hicimos una pausa, intercambiamos comentarios y reescribimos.

5) Examinamos los diversos pasos a seguir según las respuestas de los estudiantes.

6) Invité a los profesores en formación a preparar lo que harían si solo una mitad de sus estudiantes mostrara haber dominado el objetivo y la otra no.

7) Los profesores hicieron una demostración de lo que habían preparado y, nuevamente, lo pulieron.

He repasado lo que les “enseñé” sobre cómo hacer esto para hacer hincapié en el aspecto clave: en cada uno de los aspectos de un ticket de salida, reservé tiempo para que los profesores practicaran, se esforzaran, mejoraran e internalizaran cómo hacerlos en realidad —dejándome con algún grado de confianza de que harían lo mismo en la sala de clases.

La práctica lo es todo

Los profesores nuevos tienen mucho que aprender, pero mi reflexión de este verano es que la formación docente suele enfocarse demasiado en explorar cómo podría ser la buena enseñanza y muy poco de preparar a los profesores que se están capacitando para ser buenos profesores. Entender cómo se ve la excelencia es importante, pero ayudamos más a los profesores cuando los ponemos en una posición en que efectivamente puedan lograr el éxito.

La comprensión teórica importa; no existe nada que valga la pena practicar que no tenga un modelo y una teoría de base —como la teoría de la evaluación formativa. Una sesión individual sin práctica podría ser interesante, útil, entretenida y, quizás, incluso potente. Pero existe un tiempo y un lugar para ello: empezar a enseñar es el momento para vislumbrar la teoría subyacente y enfocarse en lo que funciona en la sala de clases. Me cuesta ver el punto de transmitir cualquier teoría en la formación docente, a menos que tenga alguna aplicación en la sala de clases y que los profesores cambien su comportamiento –consistentemente, no una o dos veces– como resultado de haberla aprendido. Me cuesta ver cómo algo se aplicará sin el tiempo necesario para que los profesores en formación practiquen cómo aplicarlo (aprendí una lección similar cuando diseñé Continuing Professional Development dos años atrás). Y ¿cuál es el punto de la formación docente, si no conduce a que los profesores cambien su conducta?

Existe una analogía interesante aquí: la forma en que enseñamos a los jóvenes es la misma en la que les enseñamos a los adultos—o debiera serlo. Un principio fundamental de la planificación de clases es diseñar la evaluación y después planificar desde atrás hacia adelante: ¿cómo sabrás que los estudiantes han aprendido lo que enseñaste? Si enseñara una explicación brillante de la Magna Carta y no llegara más lejos que eso, sería el hazmerreír del pueblo. Tengo que hacer algo para ver si lo han «entendido» … Pero lo que es ridículo en la sala de clases a veces parece permisible en la formación docente. Seguramente nunca escribiríamos «apreciar» o «entender» como un objetivo de clases; en vez de eso, haríamos planes para que los estudiantes fueran capaces de «explicar» o «describir». Si esperamos que los estudiantes muestren o mejoren su comprensión activamente, también debemos esperar que los profesores en formación hagan lo mismo.

Mi aprensión sobre la formación docente es que los profesores entiendan una idea (o casi lo hagan) y, después, cuando estén insertos en la tempestad que es la escuela, la pierdan de vista completamente –o la pongan a prueba y fracasen. Entonces, este año, pedí a los profesores que practicaran todo lo que esperaba que fueran capaces de hacer en la sala de clases, ya fuera compartir una visión, gestionar el aprendizaje, planificar o dictar una clase. Lo que quiero son experiencias como la de la publicación de abajo, de uno de los primeros días de trabajo de la profesora, en el que había empleado los tickets de salida exitosamente. La práctica me da cierta esperanza de que esto sucederá.

 

Todo esto me quedó en claro después de visitar el taller Practice Perfect de Teach Like a Champion. Actualmente no tienen más programados, pero puedes mantenerte al tanto de su calendario aquí.

Este post es posible gracias a la generosidad de Harry Fletcher-Wood que nos ha permitido traducir sus interesantes publicaciones. Para acceder a la publicación original en inglés haga click aquí.

 


Notas del blog original y notas del traductor

1 Esta y las siguientes diapositivas fueron traducidas (desde el inglés y en ocasiones desde el sueco) y adaptadas levemente en relación a su formato original.

2 Para mayor información sobre qué son los tickets de salida y cómo implementarlos en el aula, recomendamos leer aquí.

3 Las preguntas bisagra son preguntas de selección múltiple que se utilizan en momentos puntuales de una clase para abordar errores conceptuales que suelen tener los estudiantes.

 

 

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